lunes, 21 de marzo de 2011

Sobre las deudas que no quiero que me paguen nunca



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Ojalá que tu nombre se le olvide a esta voz..

Sobre las deudas que no quiero que me paguen nunca.

Cuando estudiaba en la universidad me compre un libro que por aquellos años causaba revuelo entre los compañeros “ Compro luego existo” (1992) de  la escritora Guadalupe Loaeza recuerdo reírme con el libro identificarme con algunas actitudes de los personajes, pero sobre todo admire la critica a la sociedad que hacia esa mujer, que encima seguía con frecuencia por sus artículos en la prensa y sus intervenciones por la radio, llegue a desarrollar una verdadera devoción por ella y lo que yo creía sabia de ella por su trabajo, por cierto no compartí con nadie hasta ahora ese sentimiento de devoción a esta escritora, simplemente por que no creí que fuese importante… pasaron los años y seguí leyendo a esa mujer, su “Manual de la gente bien  I y II” (1995-96) eran mi deleite para cuando termine la carrera.

He de hacer una aclaración que durante la década de los años 90´s Guadalupe Loaeza, logro convertirse en la portavoz del protocolo, de la mirada acida hacia el comportamiento social, en resumen guardaba celosa el paradigma de la elegancia.

Yo termine de estudiar y me incorpore a la vida laboral y más o menos con algún tropiezo menor y varios mayores,  comencé a trabajar para una editorial, coordinando la logística de traducción, he dicho coordinar, que las traducciones eran sobre temas médicos complicadísimos que ni con un nivel de ingles nativo hubiese sido sencillo traducir, yo tenia 24 años pero pude hacerme con la mecánica  del trabajo rápidamente, básicamente consistía en coordinar a tres equipos en tres países diferentes y reportar a mi jefe religiosamente cada día el avance del proceso, sin dejar nada a la improvisación y resolviendo como fuerce posible o imposible los imprevistos, que siempre los había, el trabajo era divertido, cansado, desgastante, pero podías conocer gente nueva cada día. Me gustaba en definitiva.

No les he dicho que los traductores médicos se encontraban casi en su totalidad en la Habana Cuba, ciudad a donde termine instalándome por unos meses para montar la pequeñísima infraestructura necesaria, que no requería mas, lo que realmente importaba eran los flujos de información y los tiempos… e instalando estaba cuando me sorprendió en plena cara la “ Feria del libro de la Habana” que se realizaba en el PABEXPO, fui a mirar aquello y a dar apoyo a alguno de los traductores que presentaban con orgullo las publicaciones en las que participaban de los numerosísimos organismos públicos que existen en aquel país, por ahí se dejaron ver escritores de izquierdas, políticos de locales de todos los niveles, he dicho todos… también el más alto jejejeje… y si Fidel  incluido envuelto en un mundo de gente que nunca supe si era seguridad o entusiastas de su persona, yo en todo caso no me acerque, algo en mi estomago me lo impidió, pero bueno la feria duro un par de días y era justo lo necesario por que yo tenia que volver enseguida a informar a mi jefe de cómo iba todo aquello de la traducción.

Y ahora… soy yo haciendo fila de nuevo  en el antiguo aeropuerto de la Habana, es obscuro caótico y no estoy seguro de que tenga aire acondicionado, voy  vestido con un traje marro obscuro una camisa blanca y una corbata rojiza con algún punto dorado, (es que justo al llegar tengo cita con mi jefe y siempre se han de guardar las formas) me informan en el mostrador de la aerolínea que antes de partir de la Habana tenga la amabilidad de abonar 25 dólares y presentar el recibo junto con mi billete para obtener la tarjeta de embarque, miro hacia donde me indican y efectivamente, hay una fila enorme de gente con cara de manzanas agrias que muy satisfechas con el pago del último impuesto, no se les puede adivinar, incluso hay gente que habiéndose pulido todo el presupuesto en la ciudad no logra reunir los 25 dólares,  yo pienso que se necesita ser muy inconsciente para hacer eso en el extranjero que siempre se debe viajar con un mínimo de efectivo para cualquier imprevisto y celebro mi buen juicio de no haber cambiado los dólares que poseo por la moneda local tan menospreciada incluso por los propios cubanos.

Y de repente…. Como ocurren siempre las cosas que merecen la pena, sin que lo esperemos, sorprendiéndonos, veo a una mujer alta delgada impolutamente vestida que se dirige hacia mi… es mayor o me lo parece a mi en esa época, me sonríe y yo no se si devolverle la sonrisa o salir corriendo, Es Guadalupe Loaeza! Lo sé por que la he visto en todas las fotos de las contraportadas de sus libros, se acerca tocándome el hombro con la familiaridad que da el saberse seguro de si mismo y me dice con cara de cierta preocupación.

Usted, que tiene aspecto de ser una persona decente, hemos tenido un inconveniente y mi secretaria y yo no podemos cubrir la tasa del impuesto de salida.

Seria tan amable de facilitarme 5 dólares.

Yo no había caído que viajaba acompañada de su secretaria, como no había reparado tampoco en su porte ni de sus maneras exquisitas, pero ahora a 30 centímetros de distancia es imposible no caer embrujado de aquella mujer.

Claro que si; Asiento con devoción y mientras busco el billete en la cartera,  suelto un discursillo sobre la injusticia que supone someter al turista al pago de un último impuesto.

Tiene toda la razón, me dice ella.

-En cuanto aterricemos en la ciudad, se lo pagaré.

-No se preocupe, no tiene importancia… creo que aquí ya había aplicado yo las maneras que aprendí leyéndola pero a esa edad quedan ridículas, pero yo me sentí mucho mejor de dar fe de mi admiración.

Solo necesite sumar Feria del libro + Escritora + Aeropuerto = a ella en el aeropuerto


Finalmente abordamos el avión, Yo ya en el asiento, en vez de repasarme los apuntes que debía recitar a mi jefe solo al llegar sobre el estado todas las traducciones,  pensé en lo difícil que resulta saber comportarse adecuadamente en una situación determinada, y encima quedar conforme con le desempeño personal. Para mi algo casi imposible, por que mi naturaleza critica me obligo al maldecirme mil veces por querer aparentar un tono y unas formas que ni eran mías, ni quería que lo fueran… debí decirle que soy su fan directamente lanzarme a pedir un autógrafo inservible por si mismo pero reliquia valiosa  para el resto mi vida… ¡Porque coño no cargaba su libro en el portafolio! Así todo el viaje, siendo realistas si cargase un ejemplar de todos los libros que me gustaría que me firmara el autor esperando encontrarme lo por casualidad, ya necesitaría yo una carretilla para andar por la calle y no nos engañemos causaría inquietud en mi entorno mas próximo.

Tres horas mas tarde y un almuerzo después, llegamos a la ciudad y yo salí corriendo a mi cita en la oficina de mi jefe, a la que ya iba con retraso, nunca recupere mis 5 dólares,  pero es una de esa deudas que  no quiero que me paguen nunca…

Por que puestos a hacer cuentas seguro terminare con un saldo negativo en contra por todo lo que me he divertido leyéndola. Fotos La Habana
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